martes, 27 de diciembre de 2011

Proceso migratorio: sin prisa, sin pausa


Si, lo actualizaremos en el momento debido, cuando estén maduros los razonamientos, así como completas y conjugadas las acciones a realizar.

El asunto es de los más complejos en este proceso de actualización que se fortaleció con la puesta en práctica de los Lineamientos económicos y sociales del Partido y la Revolución, aprobados en el 6to. Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Es indiscutible que hay muy notables diferencias entre la emigración de hoy y la de 1959, y existen en el exterior cuando menos dos grupos muy diferentes, los cubanos que aman a la Patria –que reúne la mayoría- y otros que la odian por ser protagonista de una Revolución antiimperialista genuina, real, autóctona. Estos últimos superan a los primeros en cuanto a poder político y económico, sobre todo en el país que alberga a la mayoría de ellos, los Estados Unidos de Norteamérica.


Entre los que aman y construyen están hombres y mujeres honestos, muchos de ellos verdaderos patriotas, salidos de la Isla en busca de mejores escenarios económicos, por reunificaciones familiares y también, en ocasiones, por razones de tratamientos de salud, y otras mil una causas.

Mientras el gobierno de nuestro presidente Raúl Castro Ruz se afana, sin pausa, en resolver la larga lista de problemas asociados con la migración cubana, acaba de ser derrotada en el Senado norteamericano un proyecto de moción –presentada por los representantes Mario Díaz Balart y David Rivera e incorporada a un proyecto de ley de gastos-, que retrotraía los viajes y el envío de remesas a Cuba a las condiciones más desventajosas para los norteamericanos y los cubano-norteamericanos,  tal cual fueron impuestas por Bush padre, cuando era presidente de EEUU.

El hecho radica en que el vecino del norte es el principal enemigo de la Revolución cubana y mayor receptor de nuestros compatriotas, lo cual manipula con malas intenciones. Así, hace más de 50 años, la política migratoria de los cubanos es parte importantísima de las maniobras de USA con respecto a la isla del Caribe, y en sus propias elecciones internas para cargos municipales, estaduales y federales, sobre todo en el sur.

La emigración cubana hacia los Estados Unidos se califica como “refugio político” desde la época en que unas 274 mil personas, en su mayoría asesinos, torturadores, y ladrones del gobierno de Fulgencio Batista, encontraron acogida en La Florida en el periodo comprendido entre enero de 1959 el año 1962, casi siempre sin la práctica de diligencias migratorias. Fueron los momentos en que, el Departamento de Estado, llegó, en ocasiones, a dar la potestad de otorgar visas waiver a instituciones religiosas.

La promoción más que la aceptación de una emigración ilegal ha marcado esta política de inmigración. Así llegaron a las costas norteñas unas 30 000 personas de 1962 a 1965, mientras que 5 083, salieron a través del puerto de Camarioca en octubre de 1965. Se abrieron entonces los “Vuelos de la Libertad” que 1973 el presidente Nixon clausuró.

En noviembre de 1966 el presidente de los Estados Unidos firmó la Ley de Ajuste Cubano. Por ella facilitaba la obtención de la ciudadanía,  promocionando aún más las salidas legales e ilegales desde nuestras costas. La concreción de la cuota de 20 000 visas anuales de inmigrantes cubanos ha sido objeto de serios incumplimiento y de incontables reclamos por nuestra Cancillería.

En este rápido tránsito por las estaciones de nuestra migración debemos señalar que entre 1985 y 1994 llegan a los EEUU más de 82 500 cubanos pero con características muy peculiares pues eran jóvenes para nada contrarrevolucionarios, de alto nivel cultural, en busca de mejorías económicas e incluso, entre sus objetivos estaba ayudar a las familias residentes en Cuba.

Ahí mismo Norteamérica decidió impedir la entrada de balseros y habilitó bases militares en Panamá y Guantánamo (en territorio usurpado a la República de Cuba) para enviar allí cerca de 30 mil de estas personas, capturadas con posterioridad en el estrecho de La Florida.

Las actualizaciones (en estudio) de nuestra política migratoria deberán tener en cuenta los engorrosos y obligatorios permisos de salida y entrada al país, así como la figura legal de “emigrante definitivo”, vigentes hace medio siglo;  el derecho del Estado revolucionario de defenderse de los planes injerencistas y subversivos; preservar el capital humano creado por la Revolución; el tratamiento a aquellos que han desertado en misiones internacionalistas abandonando la tarea comprometida (recuérdese que en 1966 Estados Unidos decretó que recibiría a cualquier médico desertor y acogería a su familia).

Otros aspectos no menos importantes son el caso de la doble ciudadanía y la exigencia del pasaporte cubano para ingresar al país; el tratamiento a los médicos y otros profesionales que desean emigrar; la forma y medida de la participación de los emigrados en la cultura, la docencia  y la economía del país; el nivel de contribución de los migrantes en los asuntos internos de la Patria;  la compra de tierras, residencias, automóviles y otras propiedades; y apoyar más y mejor la reunificación familiar.

En definitiva debemos acercarnos más a la emigración y crear las bases para que deje de ser un rehén de la política de los Estados Unidos contra Cuba.

Por tanto estoy de acuerdo con nuestro presidente Raúl Castro sobre la forma en que debemos trabajar: “sin prisa, pero sin pausa”.

Pedro Hernández Soto
La Habana
Tomado del Blog Café Mezclado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...