sábado, 13 de agosto de 2011

Havanastation, una y muchas Cuba

Una Cuba y muchas Cubas es Havanastation, el más reciente estreno de la industria cinematográfica en la Isla, un mapa audiovisual que permite un recorrido por complicadas zonas de una nación heterogénea por naturaleza, compleja en su esencia.

Y es que, como reza la canción de Israel Rojas, convertida además en el tema de presentación del filme, la Isla es una y varias a la vez, una nación en constante proceso de evolución y metamorfosis.

De ahí que esta cinta, la cual en poco menos de un mes de estrenada ha sido vista por más de 300 mil cubanos en los cines de todo el país, sea un suceso no solo en el terreno artístico, sino en otros,  por mostrar las diferencias sociales.

A partir de la historia sencilla de dos niños nacidos y criados en entornos totalmente divergentes, se crea la trama, la cual poco a poco nos adentra en cuestiones sensibles para los que hoy habitan esta Isla, como es la convivencia en medio de la crisis económica que Cuba también padece, así como la pérdida de valores y el rescate de la amistad.

Y ese último aspecto es para este periodista  el más fuerte del filme, por el cual merece ser recordado, porque teniendo siempre en cuenta su destinatario principal: los niños y jóvenes, la cinta se convierte es una estación para pensar el país que somos y el que queremos. 
 
La cinta, con una fuerte carga simbólica, nos recuerda clásicos como Memorias del Subdesarrollo, Lucía o La Muerte de un burócrata, encargadas todas de mostrar los conflictos de la época, el sentir de los que día a día hacen la nación.

En esta especie de geografía nacional desde la visualidad, la ópera prima de Ian Padrón, por suerte, no se lanza a la aventura de ser un tratado de sociología, como muchos pretenden siempre que sea el séptimo arte.

De ahí que, a través de parlamentos cortos, de escenas cargadas de movimiento y plasticidad, con la maestría fotográfica del maestro Alejandro Pérez se tracen las líneas de un discurso, previsible, sí, en ocasiones un poco forzados, también, pero válido porque no importa si es real o no, convence y es veraz.
No hay planos casuales, todo está muy bien pensado, justo el niño rico, o de mejor posición, se pierde un Primero de Mayo, con toda la significación de esa fecha, justo es la Plaza de la Revolución el elemento visual que marca una Habana de la otra, un país dentro de otro.

Porque también nos muestra esa otra parte de una realidad muchas veces oculta, para muchos ignoradas, que es la marginalidad, la incertidumbre del día a día, el vivir pensando en el hoy porque el mañana ya llegará.
La película, que tiene en los protagónicos a Mayito (Ernesto Escalona) y Carlos (Andy Fornaris), se lanza de lleno a la aventura de hacer un retrato de un barrio pobre y convulso, donde la búsqueda del pan nuestro de cada día parece ser lo más importante, y donde todos están dispuestos a ayudar a todos.

Esto quizás resulte poco creíble, pero la necesidad une y en los momentos de crisis emerge la amistad, tesis de una cinta donde también se nos recuerda que en el universo de los infantes amigo es el que sabe invitarte a jugar bajo la lluvia, el que vende su paloma preferida para ayudarte, al que no le tiembla la mano y te presta su papalote.

Havanastation inicia ahora su recorrido por los festivales internacionales de cine, de seguro alcanzará otros premios los cuales se unirán al de Mejor Película del Festival de Traverse City, pero algo queda muy claro, es una película tan cubana como el ron y el tabaco, como la rumba y el guaguancó.

Tan necesaria como auténtica, valiosa como retrato, digna como producto audiovisual, vital para no perder la esperanza y la fe, para internarnos en una y muchas Cubas.

Daniel Alejandro Benítez Quiñones

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